“¡Deja, ya lo hago yo!” La trampa del corto plazo y no delegar

“¡Deja, ya lo hago yo!” La trampa del corto plazo y no delegar

¿Delegas o dices eso de «¡deja, ya lo hago yo!»?

Bueno mira, no te preocupes, ¡ya lo hago yo!

Si tengo que explicarle cómo se hace y después revisarlo casi que lo hago yo ya, total acabo antes y no me cuesta nada.

Esta es una trampa de la delegación y es el pensar en el corto plazo y no más allá.

Invertir tiempo hoy en enseñar a una persona cómo se hace algo, te permitirá poner foco en tus actividades de alta rentabilidad, desarrollar al equipo y ser más productivo.

¿Alta rentabilidad?

Sí, he dicho alta rentabilidad porque tus actividades puedes clasificarlas en alta y baja rentabilidad a la hora de que te sea más sencilla la decisión de qué delegar.

  1. Haz un listado de las tareas que llevas a cabo.

Te ayudará ir anotando las tareas y cuánto tiempo te lleva cada una de ellas durante dos semanas. Anota también las interrupciones.

  1. Clasifica las tareas en Alta (AR) y Baja Rentabilidad (BR) en función de los resultados que te aportaría dedicarles más tiempo.

¿Cómo saber si son de alta o baja rentabilidad?

Aquellas tareas que dedicándoles más tiempo obtendrías mayores resultados son las de alta rentabilidad. Por ejemplo: el seguimiento de los presupuestos enviados. Es una tarea de alta rentabilidad. Sin embargo, el realizar facturas, el seguimiento de cobros o solicitar información sobre algún producto son de baja rentabilidad pues dedicarles más tiempo no te generará mayores resultados.

  1. Céntrate en las actividades de baja rentabilidad para analizar su delegación.

Anota quién del equipo puede realizarla mejor/peor, en más o menos tiempo y con más o menos coste. Puede servirte una plantilla como la siguiente:

 

TAREAS QUE YO REALIZO…

 

 

Y QUE OTROS PUEDEN REALIZAR…

 

 

Miembro del Equipo

 

Tarea Específica

 

 

Tiempo Utilizado

 

Mejor/Peor

 

En +/- tiempo

 

Con +/- coste

  1. Identifica las tareas repetitivas ya sean diarias, mensuales, trimestrales o anuales.

Algo que se repite puede bien automatizarse o procedimentarse para poder hacerlo en menos tiempo.

Una vez hecho este análisis, podrás centrarte en las actividades de alta rentabilidad.

Y,… ¿cómo delegamos las tareas?

No se trata de deshacerte de lo que menos te gusta o de soltar tareas a los demás para que las hagan.

Delegar implica enseñar a otros, creer que son capaces de hacerlo y estar abierto a que lo hagan de otra forma incluso. Lo importante es que se realice en menos tiempo o a menor coste que si lo hicieras tú mismo. Has de tener en cuenta que más vale hecho que perfecto y más si son actividades de baja rentabilidad.

Bloquea espacios de tiempo con los miembros de tu equipo donde compartir las tareas que quieres que lleven a cabo. Pregunta cómo lo harían, qué necesitan por tu parte y cómo será la revisión y seguimiento. Se trata de acompañarles en los primeros pasos y no debemos de confundirlo con control o micromanagement.

Recuerda que la responsabilidad última sigue siendo tuya.

Delegar no significa asignarlo y olvidarse.

Atento a los mensajes que intentan sabotearte y que te dices como:

  • Lo hago antes yo que teniéndolo que explicar.
  • Soy el que mejor sabe hacerlo.
  • Requiere te tiempo y experiencia.
  • No lo van a hacer con los detalles y la dedicación que yo le pongo.
  • Me tocará revisarlo y me costará más que hacerlo yo desde cero.

 

“No serás un gran líder si quieres hacer todo por ti mismo o sólo obtener el crédito de ello”.

Andrew Carnegie.

 

Confía en el proceso y cree en las personas.

Piensa a medio y largo plazo.

No seas cuello de botella y delega.

  • Delegar permite a otros aprender.
  • Nuevas tareas motivan.
  • Pensar cómo llegar a los objetivos planteados es retador.

Luego no te quejes si hay rotación de personal o si las personas no tienen iniciativa. Es resultado de cómo diriges el departamento.

Hay tareas que haces que si te paras a pensar el coste que conlleva el hacerlas tú siendo el director,…

¡es de locos!

 

Dale autonomía y espacio a las personas de tu equipo. Te lo agradecerán.

No pretendas controlarlo todo, suelta, confía.

En tu posición debes desarrollar y permitir crecer al equipo. ¡Sal del barro!

Coordina y dirige el trabajo.

 

Y, sí, por supuesto transmite la visión y define unos objetivos claros.

Conviértete en el directivo profesional que lidera su negocio, gestiona las tareas de manera eficiente, delega y confía en tu equipo.

Te sorprenderán los resultados y cómo aumenta la productividad.

www.veronicacarrascosa.com

veronica@veronicacarrascosa.com



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